domingo, 30 de diciembre de 2007
Los colores de mis versos (Poema con moraleja)
viernes, 14 de diciembre de 2007
Cuentos de amor y de guerra - Un cuento de la Serie: *Cuentos desinspirados* de Jorge Horacio Richino.
Cuento de amor y de guerra
Una joven mujer contemplaba extasiada a aquel soldado que, sentado sobre el umbral de la puerta de los restos de una casa derruida, meditaba en silencio sin reparar en la hermosa mujer que continuaba mirándolo fijamente.
De pronto la joven se acercó y le dijo:
- Hay algo que pueda hacer por ti ?
A lo que el soldado respondió:
- Estoy muy triste, lejos de mi casa, de mis padres y seres queridos; la guerra es horrible y tras todo eso me siento muy solo.
No te aflijas -dijo la mujer-, aquí en el pueblo y con la guerra acechándonos, todos nos sentimos igual. Sin embargo y pese a verte a ti y a otros de tus compañeros tan apesadumbrados, nosotros los habitantes de este sitio, pensamos que les debemos muchísimo por lo que han hecho y hacen por protegernos del enemigo.
Estas palabras le hicieron recobrar un poco el ánimo al soldado, y pudo reparar entonces en la belleza de la joven, y se le iluminó aún más el rostro. Fue allí cuando le pidió si podría cumplirle un deseo, ya que la muchacha había demostrado tan gentilmente su voluntad de hacer algo por tan desinteresados guardianes.
- Tengo por costumbre besar a mi madre
todos los días, al levantarme y acostarme, eso me da mucha suerte, además de alegrarme el corazón y quisiera hacerle llegar un beso pero no puedo ni siquiera escribirle ya que hoy estamos con problemas y esta noche parto con un escuadrón a un frente de combate a
La mujer le respondió:
- Dame tú un beso a mi que yo esta misma tarde lo estamparé en un papel carta y allí mismo expresaré el mensaje para tu madre, y se lo enviaré de inmediato por correo.
Luego de darle la dirección de sus padres y solicitarle que colocase como remitente su número de identificación (2409) por si pudiera extraviarse la carta, el muchacho se acercó a la joven e inmediatamente y sin poder contener sus impulsos, quizás un poco desmedidos, le dio un profundo beso en la boca, que parecía nunca terminar.
Ambos quedaron embelezados y después la chica se fue a cumplir con lo prometido.
Por la noche se escucharon muchos ruidos, de vehículos, de tropa, y de voces que impartían precisas ordenes.
La joven, que ya había cumplido lo prometido, no pudo darle aviso al soldado y se quedó mirando desde la oscuridad los movimientos del escuadrón.
De pronto, en una oscuridad casi absoluta, los vehículos se pusieron en marcha y desde un camión que transportaba un numeroso grupo de soldados, dos ojos que parecían destacarse del resto, sobresalían por su intenso fulgor, tan brillantes que hicieron sonreír a la muchacha, y su corazón brincó de alegría al tener por seguro que no sería muy lejano el regreso al pueblo de todo el escuadrón y más aún de aquel joven que ya había comenzado a ocupar un lugar importante en su vida.
Luego de diecinueve días de intensos combates, con el fin de evitar que el enemigo pudiera tomar aquella localidad, el regimiento regresó afortunadamente sin bajas y en buenas condiciones para continuar cumpliendo la misión de proteger -in situ- el pequeño pueblo que ya comenzaban a sentir, un poco, como su propio hogar.
Podrán entonces suponer los lectores - al haber nacido un profundo sentimiento entre los protagonistas de este cuento - que los días posteriores fueron de mucha felicidad y alegría para ambos.
Moraleja: Los avatares de la vida te llevan a situaciones tan crueles e injustas como la guerra. Sin embargo dentro de todo ese sacrificio, sufrimiento y dolor, no dejan de aflorar -principalmente entre los más jóvenes- las cosas que son naturales a la raza humana; y se liberan los sentimientos y las pasiones que comúnmente hemos recibido por tradición, cultura e instinto.
Serie: *Cuentos desinspirados*
Autor: Jorge Horacio Richino
(Todos los derechos reservados).
(copyright)
Publicado simultáneamente en:
http://jorgerichino.galeon.com
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El Viaje Sin Fin - Cuento de la Serie: *Cuentos desinspirados* de Jorge Horacio Richino
El viaje sin fin
(Cuento)
El hombre se acercó hasta la ventanilla de expendio de pasajes de la vieja estación del ferrocarril. Allí se expresó de la siguiente forma:
- Por favor, deseo el boleto más caro que tenga el servicio.
- A que lugar va usted, señor? le preguntó el empleado.
-No importa el lugar, usted véndame el pasaje más caro.
El empleado que no tenía muchas ganas de perder el tiempo le dio un boleto que tenía por destino la estación terminal del servicio; y el hombre, luego de pagar, se retiró conforme de la ventanilla.
El señor, que no llevaba consigo equipaje, se ajustó un botón de su saco, se arregló el nudo de su corbata, guardó su billete en uno de los bolsillos, y se dirigió al andén para tomar asiento en uno de los bancos que se encontraban al exterior de la estación, y en tanto aguardaba la llegada del tren, comenzó a contemplar las flores de unos canteros que se hallaban a su alrededor.
Al cabo de un rato se escuchó el silbato de una locomotora que se aproximaba a la estación entre los chirridos de sus ruedas al frenar y
el estrepitoso ruido que generaba la caldera al despedir sus bocanadas de vapor.
De pronto el convoy se detuvo y descendió de él un grupo de personas donde se podía ver una mujer mayor y tres aparentes matrimonios acompañados por un grupo de jóvenes.
El caballero ya se había levantado de su asiento y tuvo que apresurarse para abordar el tren, pues el guarda -parado en el estribo del último vagón- anunciaba la inmediata partida de la formación.
Apenas subió los escalones de la puerta de ingreso al vagón, buscó un asiento junto a una ventanilla para poder contemplar el paisaje que le ofrecería su viaje.
Casualmente no le fue difícil hallar el lugar adecuado, pues el vagón estaba totalmente vacío.
El tren inicio su marcha y como es común a esas viejas locomotoras de vapor, lentamente y notándose la fuerza que debía realizar la máquina para arrastrar al conjunto de vagones que se alistaban a ella, fue recorriendo pesadamente los primeros tramos hasta que tomó su velocidad usual.
Así comenzó el camino del caballero que parecía disfrutar del viaje observando detenidamente cada postal de imágenes que se presentaba a sus ojos, a través del marco de la ventana.
De esta forma, el tren, recorrió un largo camino y solamente se detuvo en algunas escasas estaciones que sirvieron al viajero para que pudiera reflexionar sobre los paisajes que había estado disfrutando.
- Señor! -dijo el guarda- va a tener que bajarse, aquí termina el recorrido.
- No es posible, contestó el hombre y agregó: éste no es el sitio a donde yo voy, seguramente el tren retomará la marcha.
El guarda le explicó nuevamente que no seguiría el viaje y que ese era el final, y también que ya nadie quedaba en el tren. Incluso el maquinista había bajado de la locomotora para realizar las formalidades de rigor antes de efectuar las maniobras para poner la máquina en posición opuesta y enganchar, otra vez, la formación.
Ante la reiterada negativa del pasajero para descender, el guarda le informó que iría a buscar al jefe de la estación a fin de que concurriera con alguna autoridad policial, si fuese necesario, para que el señor desistiera de su empecinamiento, y cuando descendió del vagón sucedió algo notablemente insólito.
El convoy comenzó a moverse despaciosamente y casi ni se escuchaban los ruidos comunes a la partida usual de un tren arrastrado por aquellas ruidosas e imponentes locomotoras a vapor. De a poco fue cobrando marcha progresivamente y vaya a conocerse por que causa equívoca de la casilla de señales y cambios, la formación tomó por una vieja vía abandonada y para asombro de los que quedaban en la estación se fue perdiendo en el horizonte, de una manera tan extraña que parecía que se lo estaba tragando el crepúsculo de la tarde.
En tanto, dentro del tren, el pasajero permanecía sereno y siempre observando las imágenes del camino, que parecían, cada vez, menos intensas.
Así fue como la formación número 2409 de la línea de transporte *Ferrocarriles del Paraíso*
se perdió en una inexplicable dimensión y nunca más se supo de ella.
Posteriormente se pudo determinar que éste había sido su viaje nº 1945 y que había dado un servicio útil a la empresa.
Demás circunstancias de este relato se ignoran y nadie se ha encargado de continuar averiguando sobre tan extraña desaparición.
Autor: Jorge Horacio Richino.
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domingo, 2 de diciembre de 2007
Besugo de Nochebuena - plato para especialistas de paladar fino.

Se abre y se limpia un besugo extrayéndole el espinazo y salando a gusto.
Se rellena con una preparación que se elabora de la siguiente forma: Se frien en aceite de oliva (preferentemente) cebolla y perejil picados. Cuando la cebolla comienza a ablandarse, se le añaden pimientos y tomates, igualmente reducidos a pedacitos pequeños.
Por otro lado se va preparando en un mortero un picadillo con un diente de ajo, tres o cuatro filetes de anchoítas, sal, pimienta y una cucharada de mostaza.
Con los preparados se rellena el besugo, cosiéndolo bien para que no se desparrame su contenido; luego de ésto se unta el pescado con aceite y se lo cubre con pan rallado.
En estos términos se fríe el besugo en un buen aceite (siempre es recomendable que sea de oliva).
Cuando se encuentra bien dorado se retira y se coloca en una fuente, adornándolo con hojas tiernas de lechuga, rodajas de zanahoria y remolacha (cocidas), aceitunas deshuesadas, huvos duros cortaditos al medio y rodajas de limón.
Es un exquisito plato que quedará muy bien en la mesa y en el paladar de los comensales; fundamentalmente será acompañado con un buen vino blanco (con preferencia del tipo seco o muy ligeramente abocado si así lo prefieren)
Que lo disfruten !!!
jueves, 29 de noviembre de 2007
MIS VERSOS ESTARÁN IGUAL
jueves, 22 de noviembre de 2007
ES DE DOS LA LOCURA
miércoles, 21 de noviembre de 2007
Las hierbas de la abuela o los paliativos de la naturaleza.
No por ello te dejamos de advertir que siempre recomendamos consultar cualquier uso de las mismas con un profesional de la Medicina debidamente matriculado.
Pero ejemplos simples y de frecuente uso vamos a detallar a continuación:
Para el sistema respiratorio:
Ambay y Eucalipto - Son utilizadas para el sistema respiratorio.
Tilo, Melisa y Pasionaria - Son utilizadas para el sistema nervioso.
Anís Verde, Peperina y Carqueja - Se utilizan para tratamientos del sistema digestivo.
Centella asiática, Retama, Hamamelis, Ginkgo biloba - Se las utiliza para afecciones y preservación del sistema circulatorio.
En otros artículos te daremos otros nombres de hierbas de utilidad, pero ten presente que debes siempre consultar a tu médico.
En cualquier casa de herboristería autorizada te suministrarán las dosis y especificarán las cualidades específicas de cualquiera de ellas.
LAS HIERBAS TAMBIEN SIRVEN COMO COMPLEMENTOS DE LA MEDICINA TRADICIONAL Y PUEDES CONSULTARLO CON UN PROFESIONAL EN DICHA MATERIA.
Réplica del patacón, moneda argentina del año 1879.
Una vistosa valva de molusco, tallada por artesano regional.

Recuerdo sencillo, de bajo precio y notablemente vistoso, tanto por el trabajo de grabado como por la maravilla que la naturaleza nos regala en la perfección de esta caparazón de un fruto del océano.
Ensalada de caracolas, presentadas en forma decorativa.

Si bien esto pudo ser una ventaja no me modifica la idea muy clara en mi razonamiento de que esa situación económica nos llevó finalmente a un estado económico-financiero mucho peor.
No voy a seguir opinando del tema.
Espero que les agrade el combo de caracolas.
Antiguo sifón de soda (material vidrio sin cubierta de protección).
Hoy el sifón todavía se utiliza pero suele ser de plástico para evitar que pueda romperse por una caída u otra causa y provocar lesiones en la gente, cosa que se sabe ocurrió gran cantidad de veces con aquel viejo modelo.
De todas formas hay que reconocer que para la vista el diseño que mostramos es sumamente más agradable que el actual.
lunes, 19 de noviembre de 2007
Las viejas estampillas que solíamos pegar en las cartas o tarjetas postales
El título te indica lo que ponemos en este artículo. Esperemos sea de tu agrado.
Como dato anecdótico, te recuerdo que estos sellos traían un pegamento al dorso que debía ser humedecido previo a ser pegados a los sobres o postales (aunque era una chanchada mucha gente lo hacía con la lengua, pero en las oficinas postales había esponjeros humedecidos para hacerlo y otros adminículos similares (recuerdo unos rodillos de porcelana que giraban sobre una pequeña batea del mismo material que se rellenaba con agua)).









