jueves, 28 de febrero de 2008
Viajero del dolor
jueves, 14 de febrero de 2008
Dos Almas Enamoradas
Dos almas enamoradas
se funden en el espacio
aislándose de aquello
que alrededor acontece;
se engarzan como las piedras
más preciosas de este mundo
con un sentido profundo
y una pasión que enloquece.
El amor hace milagros
refulgiendo su esplendor
y hay fuego a su alrededor
que las mantiene templadas,
y solas vagan el mundo
sin ver ni escuchar más nada
que el trémulo palpitar
de sus almas...que se aman.
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Autor: Jorge Horacio Richino - Buenos Aires
7 de febrero de 2008 - Todos los Derechos
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miércoles, 13 de febrero de 2008
Al Maestro (Poema)
El maestro cada día
se nos brinda por entero,
y con trabajo y desvelo
nos da su sabiduría.
Se esmera por entregarnos
sin reservas su saber,
y así nos hace crecer
para poder realizarnos.
Por todo eso sabemos
que nunca será bien pago
todo el esfuerzo brindado
...más igual lo agradecemos.
Finalmente no podremos
retribuir lo recibido,
quedando más que entendido
que nunca lo olvidaremos.
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Autor de la poesía: Jorge Horacio Richino -
Ciudad de Buenos, 5 de febrero de 2008 -
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sábado, 9 de febrero de 2008
Milagroso amor
Jamás contemplaron mis ojos
pupilas tan radiantes como el fuego,
ni sintieron mis labios calor
tan intenso como el de tus dulces besos.
Nunca había vivido antes
un cariño tan inmenso,
y mi amor renace hoy para alejarme
de este cruel y desmesurado infierno.
Y si el brillo de tus ojos me serena
y el calor de tu boca me provoca
logrando que al fin, libre, me sienta prisionero.
Qué no podrá comprar tu alma tan hermosa?
Y si es verdad que hay historias milagrosas
que rompen la estructura de las reglas,
te ruego...no vayas a alejarte de mi lado
por no volver a recaer en las tinieblas.
Autor: Jorge Horacio Richino - Buenos aires 5 de
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martes, 5 de febrero de 2008
Señales luminosas de tu mirada.
Vía láctea o "Camino de la leche" (como solían llamarle los antigüos romanos).Se encendió la Vía láctea
pintando un cielo de estrellas,
también las otras galaxias
desvelaron su fulgor;
y así pude comparar
que en el brillo de tus ojos
hay señales luminosas
imposibles de igualar.
Cuatro puntos cardinales
me orientan si estoy perdido
marcando la posición
buscada por mis sentidos,
es donde está tu mirada
de fuego y sol incendiada,
tanto que quema mis ojos
y me inunda de latidos.
Dentro del pecho una brasa
que se inflama en su deseo
de reventar en fracciones
de chispas de amor rendido,
por tu incomparable magia
y tu linaje de dama
que me tienen atrapado
y han conquistado mi alma.
Alma que no vaga más
por los espacios del cielo
buscando la eterna dicha,
la dulce paz, el sosiego;
porque si te tengo a ti
no importan otras cuestiones
y me entrego a tus pasiones
...no habrá mejor para mí.
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Autor de poema: Jorge Horacio Richino
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domingo, 3 de febrero de 2008
PORQUE DIOS ASÍ LO QUISO
domingo, 20 de enero de 2008
"Viajando por Casiopea"
tal vez parezca aburrido
Pues encontrar soluciones
sábado, 5 de enero de 2008
De misterios escondidos
Salí a la intemperie de la noche
que cuajada de estrellas se encontraba,
para buscar en la espesura del espacio
aquel agujero negro que tanto me hechizaba.
Supe ver entonces su cautivante profundidad
haciendo alarde de misterios escondidos,
pude notar que era tan tierno y tan romántico
como el astro que en la oscuridad se halla encendido.
No dejé de fijar mi vista en él
pareciéndome ver que éste giraba,
y al quedar ensimismado por sus vueltas
noté de pronto que su fuerza me atrapaba.
Cuando estuve parado en su contorno
logré sentir placer más que infinito,
y dejándome llevar por su rodar
mi voluntad cejo de pronto con un grito.
Perdí las fuerzas pero no el sentido
y vi brillar sus chispazos aguijados
que rozaban mi cuerpo como afilados diamantes,
cortando -cual cristal- mi espíritu embrujado.
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Poema por Jorge Horacio Richino - En Buenos
Aires a los 21 días de Diciembre de 2007.
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domingo, 30 de diciembre de 2007
Los colores de mis versos (Poema con moraleja)
viernes, 14 de diciembre de 2007
Cuentos de amor y de guerra - Un cuento de la Serie: *Cuentos desinspirados* de Jorge Horacio Richino.
Cuento de amor y de guerra
Una joven mujer contemplaba extasiada a aquel soldado que, sentado sobre el umbral de la puerta de los restos de una casa derruida, meditaba en silencio sin reparar en la hermosa mujer que continuaba mirándolo fijamente.
De pronto la joven se acercó y le dijo:
- Hay algo que pueda hacer por ti ?
A lo que el soldado respondió:
- Estoy muy triste, lejos de mi casa, de mis padres y seres queridos; la guerra es horrible y tras todo eso me siento muy solo.
No te aflijas -dijo la mujer-, aquí en el pueblo y con la guerra acechándonos, todos nos sentimos igual. Sin embargo y pese a verte a ti y a otros de tus compañeros tan apesadumbrados, nosotros los habitantes de este sitio, pensamos que les debemos muchísimo por lo que han hecho y hacen por protegernos del enemigo.
Estas palabras le hicieron recobrar un poco el ánimo al soldado, y pudo reparar entonces en la belleza de la joven, y se le iluminó aún más el rostro. Fue allí cuando le pidió si podría cumplirle un deseo, ya que la muchacha había demostrado tan gentilmente su voluntad de hacer algo por tan desinteresados guardianes.
- Tengo por costumbre besar a mi madre
todos los días, al levantarme y acostarme, eso me da mucha suerte, además de alegrarme el corazón y quisiera hacerle llegar un beso pero no puedo ni siquiera escribirle ya que hoy estamos con problemas y esta noche parto con un escuadrón a un frente de combate a
La mujer le respondió:
- Dame tú un beso a mi que yo esta misma tarde lo estamparé en un papel carta y allí mismo expresaré el mensaje para tu madre, y se lo enviaré de inmediato por correo.
Luego de darle la dirección de sus padres y solicitarle que colocase como remitente su número de identificación (2409) por si pudiera extraviarse la carta, el muchacho se acercó a la joven e inmediatamente y sin poder contener sus impulsos, quizás un poco desmedidos, le dio un profundo beso en la boca, que parecía nunca terminar.
Ambos quedaron embelezados y después la chica se fue a cumplir con lo prometido.
Por la noche se escucharon muchos ruidos, de vehículos, de tropa, y de voces que impartían precisas ordenes.
La joven, que ya había cumplido lo prometido, no pudo darle aviso al soldado y se quedó mirando desde la oscuridad los movimientos del escuadrón.
De pronto, en una oscuridad casi absoluta, los vehículos se pusieron en marcha y desde un camión que transportaba un numeroso grupo de soldados, dos ojos que parecían destacarse del resto, sobresalían por su intenso fulgor, tan brillantes que hicieron sonreír a la muchacha, y su corazón brincó de alegría al tener por seguro que no sería muy lejano el regreso al pueblo de todo el escuadrón y más aún de aquel joven que ya había comenzado a ocupar un lugar importante en su vida.
Luego de diecinueve días de intensos combates, con el fin de evitar que el enemigo pudiera tomar aquella localidad, el regimiento regresó afortunadamente sin bajas y en buenas condiciones para continuar cumpliendo la misión de proteger -in situ- el pequeño pueblo que ya comenzaban a sentir, un poco, como su propio hogar.
Podrán entonces suponer los lectores - al haber nacido un profundo sentimiento entre los protagonistas de este cuento - que los días posteriores fueron de mucha felicidad y alegría para ambos.
Moraleja: Los avatares de la vida te llevan a situaciones tan crueles e injustas como la guerra. Sin embargo dentro de todo ese sacrificio, sufrimiento y dolor, no dejan de aflorar -principalmente entre los más jóvenes- las cosas que son naturales a la raza humana; y se liberan los sentimientos y las pasiones que comúnmente hemos recibido por tradición, cultura e instinto.
Serie: *Cuentos desinspirados*
Autor: Jorge Horacio Richino
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El Viaje Sin Fin - Cuento de la Serie: *Cuentos desinspirados* de Jorge Horacio Richino
El viaje sin fin
(Cuento)
El hombre se acercó hasta la ventanilla de expendio de pasajes de la vieja estación del ferrocarril. Allí se expresó de la siguiente forma:
- Por favor, deseo el boleto más caro que tenga el servicio.
- A que lugar va usted, señor? le preguntó el empleado.
-No importa el lugar, usted véndame el pasaje más caro.
El empleado que no tenía muchas ganas de perder el tiempo le dio un boleto que tenía por destino la estación terminal del servicio; y el hombre, luego de pagar, se retiró conforme de la ventanilla.
El señor, que no llevaba consigo equipaje, se ajustó un botón de su saco, se arregló el nudo de su corbata, guardó su billete en uno de los bolsillos, y se dirigió al andén para tomar asiento en uno de los bancos que se encontraban al exterior de la estación, y en tanto aguardaba la llegada del tren, comenzó a contemplar las flores de unos canteros que se hallaban a su alrededor.
Al cabo de un rato se escuchó el silbato de una locomotora que se aproximaba a la estación entre los chirridos de sus ruedas al frenar y
el estrepitoso ruido que generaba la caldera al despedir sus bocanadas de vapor.
De pronto el convoy se detuvo y descendió de él un grupo de personas donde se podía ver una mujer mayor y tres aparentes matrimonios acompañados por un grupo de jóvenes.
El caballero ya se había levantado de su asiento y tuvo que apresurarse para abordar el tren, pues el guarda -parado en el estribo del último vagón- anunciaba la inmediata partida de la formación.
Apenas subió los escalones de la puerta de ingreso al vagón, buscó un asiento junto a una ventanilla para poder contemplar el paisaje que le ofrecería su viaje.
Casualmente no le fue difícil hallar el lugar adecuado, pues el vagón estaba totalmente vacío.
El tren inicio su marcha y como es común a esas viejas locomotoras de vapor, lentamente y notándose la fuerza que debía realizar la máquina para arrastrar al conjunto de vagones que se alistaban a ella, fue recorriendo pesadamente los primeros tramos hasta que tomó su velocidad usual.
Así comenzó el camino del caballero que parecía disfrutar del viaje observando detenidamente cada postal de imágenes que se presentaba a sus ojos, a través del marco de la ventana.
De esta forma, el tren, recorrió un largo camino y solamente se detuvo en algunas escasas estaciones que sirvieron al viajero para que pudiera reflexionar sobre los paisajes que había estado disfrutando.
- Señor! -dijo el guarda- va a tener que bajarse, aquí termina el recorrido.
- No es posible, contestó el hombre y agregó: éste no es el sitio a donde yo voy, seguramente el tren retomará la marcha.
El guarda le explicó nuevamente que no seguiría el viaje y que ese era el final, y también que ya nadie quedaba en el tren. Incluso el maquinista había bajado de la locomotora para realizar las formalidades de rigor antes de efectuar las maniobras para poner la máquina en posición opuesta y enganchar, otra vez, la formación.
Ante la reiterada negativa del pasajero para descender, el guarda le informó que iría a buscar al jefe de la estación a fin de que concurriera con alguna autoridad policial, si fuese necesario, para que el señor desistiera de su empecinamiento, y cuando descendió del vagón sucedió algo notablemente insólito.
El convoy comenzó a moverse despaciosamente y casi ni se escuchaban los ruidos comunes a la partida usual de un tren arrastrado por aquellas ruidosas e imponentes locomotoras a vapor. De a poco fue cobrando marcha progresivamente y vaya a conocerse por que causa equívoca de la casilla de señales y cambios, la formación tomó por una vieja vía abandonada y para asombro de los que quedaban en la estación se fue perdiendo en el horizonte, de una manera tan extraña que parecía que se lo estaba tragando el crepúsculo de la tarde.
En tanto, dentro del tren, el pasajero permanecía sereno y siempre observando las imágenes del camino, que parecían, cada vez, menos intensas.
Así fue como la formación número 2409 de la línea de transporte *Ferrocarriles del Paraíso*
se perdió en una inexplicable dimensión y nunca más se supo de ella.
Posteriormente se pudo determinar que éste había sido su viaje nº 1945 y que había dado un servicio útil a la empresa.
Demás circunstancias de este relato se ignoran y nadie se ha encargado de continuar averiguando sobre tan extraña desaparición.
Autor: Jorge Horacio Richino.
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