miércoles, 13 de mayo de 2009

Es un tonto razonamiento, pero está comenzando a preocuparme.

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Casi estuve a punto de no escribir este artículo, ya que en realidad no estoy tan seguro si es verdaderamente tonto o -tal vez- pueda resultarle curioso a algún lector.
Se trata de una cuestión de números, tiempo, y personas.
Cuando tenía alrededor de 10 a 15 años de edad tuve la oportunidad (que me fue obviamente natural) de convivir con personas que se encontraban en un tiempo ciertamente maduro de su existencia (aunque aún no eran viejos) y que habrían nacido -por establecer una época determinada- en 1901.
Esas personas, de las cuales me rodeé, aprendí a escucharlos, a apreciar la sabiduría de su madurez y a respetar sus experiencias; hoy ya no están más en este mundo (salvando alguna excepción extraordinaria, que considero no debe superar el número de 10 o 20 en todo el mundo).
Esto me hace pensar que millones y millones de seres que compartieron conmigo los mismos movimientos del planeta y los mismos cielos profundos, tanto azules, como grises, o negros infinitos con o sin su carga -a la vista- de millones de estrellas, ya no están para aportar su calor presencial y sus trajinados murmullos que daban marco a la vida en movimiento sobre la faz de la tierra en aquellos ciclos.
Y es ésta una idea que me preocupa por distintas circunstancias.
Porque yo estoy ahora en la misma situación que refiero en este artículo, cuando esos seres eran todo calor, toda vida; y creo que es humanamente lógico el así sentirlo.
También por pensar que es tanta la gente que se ha ido, y que se desearía estuvieran aquí con nosotros, que se extrañan, y que -tal vez- muchos hayan sido grandes y estimadísimas o amadas personas.
Siento por momentos el deseo de mirar hacia atrás -y hasta a veces me surge como un acto reflejo-, como esperando que alguno de los seres más queridos y allegados de aquellas épocas, me saque una pena o me ponga una alegría en el corazón, con tan solo ver su imagen y poder escuchar su voz.
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Jorge Horacio Richino
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(Tonterías lógicas y simples para el conocimiento de
cualquier mortal en este mundo,
aunque no por ello dejan
-al menos para mí-
de ser profundas
y reflexivas).

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